jueves, 21 de febrero de 2008

"Piel comercial"





Me contaba mi tía el otro día, que cuando yo tenía unos 3 años de edad, colgaba caramelos en un cordel con pinzas de colgar la ropa, en el balcón de una casa de la Cala del Moral (Málaga) y cuando llegaba mi tía, le decía que le vendía el caramelo, cuando ella sacaba el dinero y se iba con el dinero, yo le preguntaba que a dónde iba, que me devolviera el caramelo, je,je,je, que si se lo quedaba ella, me iba a quedar sin nada y no tendría caramelos para venderle a mi tío, je,je,je, que era mi segunda víctima. Me ha hecho mucha gracia que me contara mi tía esta historia, porque al hacerlo me he acordado y sé que es cierto, que les vendia un caramelo y me quedaba con el dinero y con el caramelo.


Años después, cuando tenía 9 años, monté un quiosco en la calle, en Benajarafe (Málaga). Les conté mi idea a unos amigos y les pareció bien y supuestamente los contraté como ayudantes, je,je,je. El quiosco estaba en una zona donde no pasaba nadie, mis compañeros de aventura comercial tenían hambre y empezaron a comerse las cosas que nosotros vendíamos. No me quedó otra que despedirlos a todos y aunque desde mi punto de vista me habian hecho perder dinero, como supuestamente los habia "contratado" como ayudantes, mi padre me dijo que les tenía que pagar y, je,je,je, les tuve que dar 25 pesetas a cada uno y se fueron tan contentos.


Después de la infructuosa desventura económica o comercial, decidí montarme por mi cuenta y esta vez, situé el quiosco en una zona privilegiada de una especie de plaza. El mostrador consistía en 2 cajas de cervezas que gentilmente me prestaban los empleados de un bar a escasos metros de mi "chiringo" improvisado. De casa yo llevaba una tabla que ponía encima como mostrador y me parece que una silla de playa. La cuestión es que fue un éxito, en todo un verano tuve unos beneficios netos de 5000 pesetas. Vendía sobre todo golosinas. Recuerdo que nadie me compraba las bolas de chicle, porque en la tienda cercana costaban 5 pesetas más baratas, asi que decidí comprarle todas las bolas de chicle a la dueña de la tienda y ahora sí la gente me compraban a mí las bolas de chicle más cara, je,je,je. ¿Carlos para qué te ha servido a ti estudiar una carrera y dar tantas asignaturas de economía si de niño ya usabas técnicas de monopolio un tanto "hostiles"?, ja,ja,ja. Vendia otras cosas, como los chinitos de la suerte que en aquel verano estaban de moda, un primo de mi padre me regaló 50 chinitos de la suerte y vendí los 50 a 50 pesetas cada uno. Era algo asi, como cuando me llevaba almanaques o calendarios de bolsillo al colegio y los iba vendiendo a la hora del recreo, recuerdo que un chico me los compraba cada uno a 5 pesetas y les daba igual que estuvieran repetidos y lo más curioso, es que a mí me los daban gratis en la farmacia que habia junto a mi casa.


En casa monté una sala de lectura y a 2 amigos los hice socios, con su carné y todo, tenían que pagar una cuota que incluía una revista semanal elaborada por mí, en realidad era revista más regalos, todo dentro de un sobre grande, como si fuera un sobre sorpresa y je,je,je, ellos se quejaban de que era caro, pero yo conseguía quitarme de encima las cosas que no quería, je,je,je, porque las iba metiendo cada semana dentro del sobre de cada uno.


Y finalmente, decidí dar un salto mayor y pasé del quiosco y me decidí por montar una especide de Video Club en casa, me parece que yo tenía 11 o 12 años. El video club se llamaba Espadis. Las películas que mis padres alquilaban en Málaga y el dueño del video-club les dejaba 15 días para ver, yo se las alquilaba a mis amigos por 200 pesetas y de aquí pasé a grabar algunas y tenerlas para mí y asi poder alquilarlas.


Hubo un video club que cuando yo tardaba mucho en devolver la película la dejaba en el mostrador y salia corriendo, pero un día me cogieron por banda y me dijeron que tenía que pagar una multa por todo un mes, puse cara de pena y me lo dejaron en 15 días y el día que llevé el dinero, volví a poner carita de circunstancia y me dejaron la multa en 7 días.


El negocio del video club era muy cómodo, porque los amigos venían a mi casa, yo les enseñaba una carpeta con todas las carátulas de las películas, ellos elegian una película, me la pagaban, se la llevaban a casa y al día siguiente me la traían a mi casa otra vez. Hasta realicé productos del llamado "merchandising" y les habia puesto puntos a las películas, a más películas alquiladas, más puntos obtenía el cliente y luego los podía canjear por regalos. El primer verano gané 5000 pesetas netas, pero sin esfuerzo, no como antes, je,je,je.


Cuando te haces mayor, ya te entra la "tontuna" y se pierde la espontaneidad infantil. Si tuviese bastante dinero ahorrado, tengo muy claro que montaría una chocolatería Valor en pleno centro (tengo hasta el sitio pensando, je,je,je).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Recordaba algunos de tus astutos negocios pero me volvieron a hacer sonreir otra vez!!
Julian Beever.... ése era el que te comentaba la otra vez... por qué no pega algunos de sus famosos cuadros... besos Clara

María Magdalena dijo...

Me gustó mucho tu blog, hablas de cosas muy sinceramente y tocas el corazón con todos tus escritos, pero éste en especial me conmovió, seguramente porque me recordó mi tierna infancia y las aventuras locas que también corrí con mis amigos y nuestros raros negocios inventados, atorando a la familia de galletas vencidas y vino de aceituna

Desde Chile te mando mucha fuerza y ganas para que sigas escribiendo cosas tan notables como las que has subido hasta ahora